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¿Existe una verdadera segunda oportunidad para los arruinados?

La legislación española permite volver a empezar de cero siempre que se cumplan determinados requisitos.
La Ley de Segunda Oportunidad tiene más de un año de vida y todavía existe mucho desconocimiento sobre su aplicación.
Recientemente se han conocido estadísticas que ponen de manifiesto que a pesar del inicio de la recuperación económica, todavía muchas personas padecen las secuelas de la grave crisis sufrida años atrás y están condenados a una situación de insolvencia de por vida, o tienen todas sus cuentas embargadas.
El concurso de la persona física:
Todas estas personas deberían saber que existe un procedimiento judicial para liberarse definitivamente de esas deudas y poder empezar de cero: el concurso del deudor.
Este procedimiento se tramita ante el Juez Mercantil del lugar donde la persona tenga su domicilio y a través del mismo se deberán liquidar todos sus bienes (si es que le queda alguno a su nombre)-
Deudor de buena fe:
Es importante saber que no toda persona arruinada podrá beneficiarse de este procedimiento y lograr la liberación de todas sus deudas, pues el primer doble requisito que se le exige es la buena fe: no debe ser calificado culpable en el concurso y no debe haber sido condenado en los 10 años anteriores por determinados delitos.
En otras palabras, la Ley es tolerante con el deudor que se ha comportado correctamente pero no perdona al que ha hecho trampas.
Acreedores protegidos:
La mala noticia de esta regulación es que hay deudas a las que no afecta. Es decir, hay acreedores excluidos de la segunda oportunidad con los que habrá que negociar al margen de este procedimiento para ver como de forma fraccionada se les puede ir pagando.
Hablamos, como no, de Hacienda y Seguridad Social. Toda la deuda que se mantengan con estos organismos queda fuera del procedimiento. Por tanto, aunque a través del concurso logremos liberarnos de nuestras deudas, estos organismos nos podrán seguir reclamando.
La figura del avalista:
Esta Ley puede ser muy beneficiosa para un perfil concreto pero muy frecuente: el avalista.
En todas las familias en todas las empresas, los bancos a la hora de conceder una financiación han pedido avales. Existen por tanto, muchas personas que han avalado a familiares o a empresas y que al no poder pagar estas al banco se han visto con reclamaciones judiciales y embargos frente a ellos.
Si como consecuencia de tu condición de avalista en el pasado te encuentras en una de estas situaciones, esta normativa te puede ayudar a empezar de cero

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